Un mercenario que ya se había hecho casi familiar de los mas antiguos septones era quien estaba recorriendo los salones. Una costumbre adquirida de haber cumplido tiempo atrás un trabajo de protector de una hermana; de quien ya pocos recordaban.
En una alcoba no muy lejana de alli, un joven acolito arrima la puerta saliendo al pasillo el mismo se acomodaba un rosario a manera de pulsera como anonadado, mirando parte al rosario, y parte al piso, traspasando quizas ambos con la vista, como si la vista no fuera algo a lo que le estuviera realmente dando uso en ese momento, sino que estuviese nadando en sus pensamientos, tocando el rosario cual autista, sin moverse de al lado de la puerta.
- "¿Y bien? " - Finalmente impaciente uno de los acolitos le dijo mirandole a los esquivos ojos del joven que salia de la habitación.
- "Eh?... ah, si Septa Igraine dijo" - Respondió el muchacho cuando recobró conciencia, como si despertara de un mal sueño y lo hubieran enganchado durmiendo en su puesto de trabajo. De todas maneras el animo de respuesta no duró mucho, ya que enseguida volvio a sus pensamientos, alejandose lentamente, con pasos cortos y la mirada vácua como al piso y adelante, aun pensando o razonando algo.
- "Permiso hermanos y hermanas...Disculpen... permiso" Una señora de gesto adusto y entrada en años se abria paso entre las decenas de personas que esperaban para ser llamadas por Osmund, rezaban, o simplemente habian adelantado su duelo, sabiendo las condiciones criticas del Septón.
La septa entro y cerró la puerta. Estuvo un tiempo considerable, y al salir explicó que por ese dia el septón no recibiria a nadie mas. El Septón Osmund acercaría su voluntad a los 7 aquella misma noche.
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on miércoles, octubre 26, 2011
at 18:00
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